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Crítica. 'La La Land' (2016) de Damien Chazelle

‘La La Land’ es un verdadero homenaje a los sueños y al cine con sabor a clásico.

Si 2015 fue el año de ‘Birdman’, este 2017 es, y tiene que serlo, el de ‘La La Land’ (en español ‘La Ciudad de las Estrellas’), película musical protagonizada por Ryan Gosling y Emma Stone y que supone todo un verdadero homenaje a los sueños, pero también a la música, al cine y, por qué no, al amor.

Damien Chazelle, que sorprendió a público y crítica con su particular homenaje al jazz en la semi-autobiográfica ‘Whiplash’, es el responsable de esta cinta, de la que es director y guionista. Os preguntaréis por qué todo el mundo habla en estos momentos de ‘La La Land’, que llegó a la cartelera española el pasado viernes 13 de enero pocos días después de coronarse en los Globos de Oro con siete premios. 

En primer lugar, el gran acierto de ‘La La Land’ es que es una de esas películas que hacía mucho tiempo que no veíamos, que era necesaria en estos tiempos donde lo efímero y la instantaneidad mandan sobre todo lo demás. También en la gran pantalla, donde los remakes, los reboots, las secuelas y el cine de superhéroes inundan la cartelera dejando un reguero de obras fácilmente olvidables.

‘La La Land’ es una película contemporánea, de eso no hay duda. Uno de sus aciertos es que se trata de un filme muy consciente de la época en la que está ambientado (la actual), pero que no se centra demasiado en ella. Pero si por algo ha triunfado ‘La La Land’ es por sus reminiscencias clásicas, al muy puro estilo de los musicales que se hacían en el Hollywood de los 50 y 60, caracterizados por esa sensación de alegría, jovialidad e inocencia. Muchas referencias cinematográficas del género encontramos en ella, desde ‘Cantando bajo la lluvia’ a ‘Melodías de Broadway’ o ‘Grease’, pero también de clásicos entre los clásicos como ‘Casablanca’.

Aun así, en ningún momento la cinta sucumbe a la cursilería. De hecho, el excesivo colorido presente en su puesta en escena y en su vestuario, sirve más bien para remarcar esa contemporaneidad, ese aire postmodernista que en el fondo tiene la película, y para contagiar ese entusiasmo que en realidad no es tan evidente.

También vemos drama en esta historia protagonizada por una aspirante a actriz y un humilde pianista de jazz, que deciden recorrer juntos el camino hacia el éxito, aunque cada uno tenga su propia idea de lo que el éxito significa. Esta combinación entre clasicismo y modernidad, entre ilusión y realidad, esperanza y frustración, optimismo y tristeza, es la clave del triunfo de ‘La La Land’. Especial atención con respecto a esto último merece el final de la cinta.

Y por último, qué decir de ‘La La Land’ como musical. Los números musicales están ejecutados de una manera excepcional, encajando perfectamente en la historia. Lo mismo da que sean secuencias de muchedumbre de gran producción que secuencias más intimistas donde aparecen sólo Gosling y Stone. Todas tienen una fuerza sublime, y parte de que esto sea posible es su banda sonora original, que se suma a ese clasicismo conjunto que emana de la película. Cuando sales de ver ‘La La Land’, te inundan las ganas de bailar y cantar, -hasta silbar- sus canciones. Dos de ellas optan a la estatuilla dorada en este apartado: ‘City of Stars’ y ‘Audition’. Y por supuesto, también nominada está su BSO, a cargo de Justin Hurwitz.

Al final, todo ello ocasiona que ‘La La Land’ produzca un cierto aire de nostalgia. De nostalgia hacia el cine que solíamos ver, a la música que solíamos escuchar y a los sueños que solíamos tener. A falta de saber cuántos Oscar se llevará este soplo de aire fresco cinematográfico, por el momento parece acaparar la atención. Y por el recorrido que está teniendo, e independientemente de los premios que coseche, tiene muchas papeletas para convertirse en un futuro clásico del séptimo arte.

Mi nota: 9/10

Crítica. ‘La La Land’ (2016) de Damien Chazelle
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