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Hay algo en ‘SMILF’ que atrae, la nueva comedia de Showtime y que en España se estrenó de forma simultanea en Movistar Series, mantiene la línea de ‘Master of None‘ de Aziz Ansari o ‘Atlanta‘ de Donald Glover, capítulos de  media hora con un tono divertido y directo, mordaz y conmovedor, irreverente y relevante, todo a la vez. Esta vez, es una autora, Frankie Shaw (Sr. Robot), la creadora, protagonista, guionista y productora ejecutiva de esta serie, basada en su cortometraje del mismo nombre ganador del premio del jurado en el Festival de Cine de Sundance.

En ‘SMILF’ las inquietudes (relaciones personales, sexo y búsqueda de empleo) chocan con la dura realidad de ser una madre soltera.

‘SMILF’ no es ‘Master of None’ o ‘Atlanta’ pero, en sus primeros minutos, Shaw crea un personaje principal fascinante y complicado, incluso sabiendo que la serie sigue una construcción desordenada en tono y trama para contar su historia.

Shaw interpreta a Bridgette Bird, una madre soltera de clase trabajadora baja que vive en el vecindario de Southie en Boston, que se gana la vida haciendo tareas y recados del hogar para una familia blanca rica (con una matriarca alocada y caprichosa interpretada por Connie Britton) mientras cría a su hijo, Larry.

Bridge más que ejercer como institutriz se dedica a hacer los deberes de los chavales (la hija es la única que se vale por sí misma) y no solo eso, también se encargó del trabajo que permitió que el primogénito accediera a Harvard. Es decir, es más inteligente y está más preparada que aquellos que tendrán la mejor educación posible simplemente porque tienen dinero.

Bridgette cuenta con la ayuda del padre de Larry, Rafi (Miguel Gómez), pero él está más preocupado por mantener su sobriedad y cuidar la relación con su nueva novia (Samara Weaving). También cuenta de forma intermitente con la ayuda de su madre, Tutu, interpretada por una envejecida Rosie O’Donnell, que tiene problemas de salud mental y una relación tenue con su hija.

No hay muchas risas en ‘SMILF’. La vida que lleva Bridgette es dura, desordenada y sombría. A veces, ni siquiera tiene dinero para coger el bus. Ella vive en un pequeño apartamento y comparte cama con su hijo. Tiene problemas para encontrar trabajo a tiempo completo al no disponer de grandes recursos para la crianza de su hijo.

‘SMILF’ encarna a Bridgette, una veinteañera que vive en un barrio al sur de Boston y cuyas propias vivencias son la base de esta serie

Su rostro a menudo sonriente es una fachada para una mujer que apenas aguanta, que no ha lidiado con su propio trauma: habla abiertamente del abuso sexual sufrido por su padre cuando era niña, y tiene un trastorno alimentario presente a lo largo de los ochos capítulos que conforman esta primera temporada.

Frankie Shaw habla (y muestra) con naturalidad de temas como la masturbación, las fantasías sexuales femeninas, la ruptura de las convenciones asociadas a la belleza, al cuerpo y a la moda o la violación y los abusos sexuales. Bridgette no puede pagar el alquiler, es actriz, sueña con ser una estrella del baloncesto y se masturba viendo en internet las fotos de la novia del padre de la criatura, apodada ‘Pezones duros Nelson’.

‘SMILF’ es una colección de escenas más que una serie cohesionada, hay momentos que son audaces y que invitan a la reflexión, como cuando Bridgette responde un anuncio y termina relacionándose con el hombre solitario que le pagó para aparecer y hablar con él. Pero otras escenas parecen diseñadas para impresionar a los espectadores o invitarlos a juzgar las elecciones de Bridgette, como cuando mantiene relaciones sexuales con ex compañero de clase mientras que Larry, su hijo, esta escondido en su cama, cubierto con una manta.

Bridgette está bruscamente dibujada, y Shaw le da al personaje una sensación de vivir con una actuación fascinante, y es difícil mirar hacia otro lado, incluso cuando la serie se adentra demasiado en el humor. Pero su profundidad solo resalta la debilidad de los personajes que la rodean. Britton’s Ally tiende a recurrir a estereotipos, y Rafi es un ex novio de una sola nota.

Lo que ‘SMILF’ hace bien, lo hace realmente bien. Sin pretender ser ejemplo de nada, lo mejor que tiene Bridgette es un optimismo innato del que ni siquiera es consciente, el amor por su hijo, que tampoco hace que sea una mejor madre, y la conexión que consigue con el espectador, pura ternura. Hay signos de una buena serie, con el potencial de mejorar.

‘SMILF’: madre soltera veinteañera con ganas de fiesta y sexo
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Dilia Parkinson es periodista y aficionada a las series desde no sabe cuándo. Algo que hace que a veces mida el tiempo por temporadas completas.