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Crítica. 'Tres anuncios en las afueras' (2017) de Martin McDonagh

Se ha dicho por activa y por pasiva que ‘Tres anuncios en las afueras’ es una de las favoritas para los Oscar. Y no me cabe ninguna duda. Primero por el claro alegato feminista y antirracista de la película, del que hablaremos más adelante, por el sentido del espectáculo estadounidense en general y hollywoodiense en particular, capaz de apropiarse del movimiento #MeToo para su propio beneficio. Y, por supuesto, porque estamos ante una película notable.

‘Tres anuncios en las afueras’ nos presenta un inicio muy potente. Una madre a cuya hija han violado y matado decide poner tres anuncios a las afueras de Ebbing, Missouri en los que se pide a la policía que actúe después de más de medio año sin pistas y, por su puesto, sin sospechoso o culpable. Mildres Hayes, interpretada por Frances McDormand no duda, además, en señalar en dichos anuncios a Bill Willoughby, comisario de la localidad y al que da vida Woody Harrelson.

Martin McDonagh convierte el enfado de una mujer en un lúcido y despiadado ejercicio de cine cruel

Decimos que ‘Tres anuncios en las afueras’ mantiene un claro alegato feminista porque es Mildres la que lleva el peso de la acción durante todo el metraje. En ella, es la madre la que hace frente a la policía, lucha para esclarecer los  hechos del delito y hasta se enfrenta a su exmarido, quien la maltrataba tiempo atrás y que la vuelve a atemorizar a lo largo de la historia. A ello se suma la crítica a la policía más retrógada de Estados Unidos, racista y homófoba con Bill a la cabeza, que si bien no personaliza ninguna acción polémica, sí mantiene en sus puestos a compañeros acusados de torturar y maltratar a presos.

Crítica. 'Tres anuncios en las afueras' (2017) de Martin McDonagh

Otra de las decisiones que me gustan es la de enfrentar el cáncer como una enfermedad más. Dura, pero que no glorifica ni redime a quien la sufre. A pesar de que Bill está enfermo de cáncer y le queda poco tiempo de vida, Mildres no cesa un ápice en sus intenciones por dicha situación. La muerte de su hija está por encima de la enfermedad que pueda sufrir el señalado y, además, se deja claro que éste está puesto en tela de juicio por ser el último responsable de la comisaría, más allá de las situaciones particulares de cada uno.

Lo que no me gusta tanto es el papel que juegan el resto de las mujeres de la película. Salvo una amiga negra de Mildres, el resto son totalmente tontas y sumisas a las órdenes de los hombres. Bin es cierto que el papel de la protagonista tapa estos detalles de tramas menores, pero no deja de ser llamativo la fuerza del personaje principal con el ninguneo al resto de papeles femeninos secundarios.

Por otro lado, algun giro en el guión me parece de brocha gorda, como la evolución de uno de los policías, quien gana peso en la segunda mitad de la película, pasando de completo imbécil y, sobre todo, inútil, al agente más competente, sacrificado y eficiente del cuerpo.

Por último, la última conversación que madre e hija mantienen antes de la violación de ella o el último día de Woody Harrelson vivo quizás añade un dramatismo innecesario y superfluo impropio del tono del resto de la película.

En resumen, ‘Tres anuncios a las afueras’ tiene algunos detalles que le alejan del sobresaliente pero que por originalidad del relato y su interés por desenvolverse sin tapujos, con una mujer siempre de frente, ya sea contra la policía, contra los medios de comunicación o los propios vecino bien la sitúan en un notable.

Crítica.’Tres anuncios en las afueras’: siempre de cara
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